Traducción: viejo hermoso Walt Whitman




Walt Whitman

Lleno de vida, ahora…


Lleno de vida, ahora, yo, compacto, visible,
a mis cuarenta años, en el año ochenta y tres de los Estados,
para vos, en un siglo o muchos siglos, para vos
que aún no naciste, estos versos, buscándote.

Cuando vos leas esto, yo ya seré invisible;
Y ahora sos vos, compacto y visible, el que entiende
estos poemas y me busca, pensando en que serías feliz
si yo estuviera ahí y fuera tu amigo.
Hacé como que estoy ahí (no estés demasiado seguro, pero yo estoy con vos ahora).

Traducción: viejo hermoso Walt Whitman



Walt Whitman

Cuando escuché al astrónomo erudito

Cuando escuché al astrónomo erudito,
cuando miré las pruebas y las cifras dispuestas en columnas frente a mí;
cuando mostraron mapas y diagramas, mediciones y cálculos y sumas;
cuando desde mi asiento oí la conferencia del astrónomo y el resonante aplauso de la sala,
me sentí de repente asqueado y aturdido,
y logré escabullirme y me fui a caminar sin rumbo fijo
en el húmedo aire místico de la noche
y de a ratos miraba en silencio hacia arriba las estrellas.




Uno de W.B. Yeats



W. B. Yeats

Le habla a su corazón pidiéndole que no se asuste

Tranquilo, vos tranquilo, inquieto corazón,
no te olvidés de las canciones del pasado:
El que tiembla ante el fuego y ante la inundación
y ante el viento que sopla en los caminos estrellados
que deje que las llamas y las aguas y el viento
lo cubran y lo oculten, porque no ha de ser miembro
de nuestra solitaria multitud majestuosa.


Dos felinos enjaulados


Leopoldo Lugones

León cautivo

Grave en la decadencia de su prez soberana,
sobrelleva la aleve clausura de las rejas,
Y en el ocio reumático de sus garras ya viejas
la ignominia de un sordo lumbago lo amilana.

Mas a veces el ímpetu de su sangre africana
repliega un arrogante fruncimiento de cejas,
y entre el huracanado tumulto de guedejas
ennoblece su rostro la vertical humana.

Es la hora en que hacia el vado, con nerviosas cautelas
desciende el azorado trote de las gacelas,
bajo la tiranía de atávicos misterios.

La fiera siente un lúgubre influjo de destino
y en el oro nictálope de su ojo, mortecino
se hastía una magnánima desilusión de imperios.



Jorge Luis Borges


La pantera

Tras los fuertes barrotes la pantera
repetirá el monótono camino
que es (pero no lo sabe) su destino
de negra joya, aciaga y prisionera.
Son miles las que pasan y son miles
las que vuelven, pero es una y eterna
la pantera fatal que en su caverna
traza la recta que un eterno Aquiles
traza en el sueño que ha soñado el griego.
No sabe que hay praderas y montañas
de ciervos cuyas trémulas entrañas
deleitarían su apetito ciego.
En vano es vario el orbe. La jornada
que cumple cada cual ya fue fijada.






Dos poemas en los que cuesta el día que ya empieza



César Vallejo

Los desgraciados

Ya va a venir el día; da
cuerda a tu brazo, búscate debajo
del colchón, vuelve a pararte
en tu cabeza, para andar derecho.
Ya va a venir el día, ponte el saco.

Ya va a venir el día; ten
fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona
antes de meditar, pues es horrible
cuando le cae a uno la desgracia
y se le cae a uno a fondo el diente.

Necesitas comer, pero, me digo,
no tengas pena, que no es de pobres
la pena, el sollozar junto a su tumba;
remiéndate, recuerda,
confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista
a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato.
Ya va a venir el día, ponte el alma.

Ya va a venir el día; pasan,
han abierto en el hotel un ojo,
azotándolo, dándole con un espejo tuyo...
¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente
y la nación reciente del estómago.
Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido!
¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo!
¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo!
Ya va a venir el día, ponte el sueño.

Ya va a venir el día, repito
por el órgano oral de tu silencio
y urge tomar la izquierda con el hambre
y tomar la derecha con la sed; de todos modos,
abstente de ser pobre con los ricos,
atiza
tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima.
Ya va a venir el día, ponte el cuerpo.

Ya va a venir el día;
la mañana, la mar, el meteoro, van
en pos de tu cansancio, con banderas,
y, por tu orgullo clásico, las hienas
cuentan sus pasos al compás del asno,
la panadera piensa en ti,
el carnicero piensa en ti, palpando
el hacha en que están presos
el acero y el hierro y el metal; jamás olvides
que durante la misa no hay amigos.
Ya va a venir el día, ponte el sol

Ya viene el día; dobla
el aliento, triplica
tu bondad rencorosa
y da codos al miedo, nexo y énfasis,
pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo
el malo ¡ay! inmortal,
has soñado esta noche que vivías
de nada y morías de todo...



Óscar de Pablo


Injuria de la luz, horror del día


Dime, tiempo de sables, si me ha temblado hoy el alba en la pupila.

Niégame que la angustia es la cosa solar
que aparece chorreando en gris y en amarillo
de ese mar inventado cada noche
por mí (modestia aparte) si bien para otros fines muy distintos.

Dime, momento de afilado chorro, agua precipitada en vidrios rotos, si las sílabas pesan como siento que pesan, si las cosas del mundo serán igual de grandes, si los dientes del mundo morderán tan adentro, después del primer sorbo de café.

Rayón de pintura de doliente pureza, avisa si las seis de la mañana
durarán otra vez todo mi día; dime si en tu sonido de abrupta transparencia
es mi furiosa muerte por fin la que amanece, o déjame dormir otro ratito.




Traducción de dos fragmentos de Henri Michaux



Henri Michaux


Dos fragmentos de Poteaux d´angles donde aparecen animales


(...)

En un potrero pacen cerca un caballo y una vaca. Comen del mismo pasto, tienen el mismo dueño y es el mismo muchacho el que los llevará nuevamente al establo. Sin embargo, la vaca y el caballo no están en verdad “juntos”. Cada uno se alimenta por su lado, sin mirar nunca al otro. Se mueven lentamente, sin acercarse mucho, y si se llegan a cruzar no parecen notarlo.

No interactúan -no se interesan el uno por el otro-. Tampoco hay agresiones ni tensión.

***

Un corazón de rana, es importante haberlo visto, separado del cuerpo, latiendo sumergido en un tubito de ensayo durante varios días; es más impresionante aún que el pecho de donde fue sacado. Es importante haberlo visto, separado de todo, vigoroso, enceguecido y abocado a lo suyo, sin distraerse, cumpliendo vanamente sin dudar con sus latidos y latidos para nadie, haciendo lo que hacía en la naturaleza cuando en el interior de un modesto batracio estaba conectado a las arterias y venas e impulsaba la sangre, glóbulos blancos y eso…Desde el embrión estaba en marcha ya, ya desde el huevo, andando, haciendo andar, autor de la circulación.

Hacían falta muchos así de tercos como él para que pudieran en charcos y pantanos saltar por todas partes las ranas, tuvieran o no ganas, las lerdas y las otras, propulsadas, llevadas por el propulsor infatigable, condenadas a ir hasta el fondo, lo quisieran o no, al futuro, secreto de la vida.

(...)


Traducción de "L´anguilla" de Montale



Eugenio Montale


La anguila

La anguila, la sirena
de los mares del norte
que deja el frío Báltico
para llegar a nuestros mares
a los estuarios y los ríos nuestros
que remonta avanzando
por lo hondo contra la corriente
de cauce en cauce y luego
por afluentes más pequeños cada vez,
siempre hacia adentro, al corazón
del peñasco, y se queda
filtrándose en los hilos
de agua turbia y de barro hasta que un día
una luz disparada desde los castaños
le enciende un sobresalto
en pozos de agua muerta,
en los pozos que bajan
desde los Apeninos,
la anguila, antorcha, látigo,
flecha de Amor en tierra
que sólo nuestros secos
arroyos reconducen
al paraíso
de la fecundación,
la anguila, el alma verde
que busca vida ahí
en la desolación ardiente,
una chispa que dice
todo comienza cuando todo
parece ya carbonizado,
enterrado tocón;
la pupila fugaz,
igual a la que engarzan tus pestañas,
y brilla intacta entre los hijos
de los hombres hundidos
en tu fango, ¿podrías
creer que no es tu hermana?